Nací en Sevilla, en 1973, y crecí rodeada de patrones, tejidos, encajes e hilos de bordar. Mi madre era una de esas mujeres de familia entregada al cuidado de los suyos, las labores del hogar pero también a todas las artesanales que tenían que ver con la confección. El cuidado de una familia numerosa con 5 hijos, nunca le restó energía para coser y bordar y no era raro el día que se quitaba el dedal siendo ya de madrugada… 

A pesar de los años transcurridos y de mi corta edad en esa época, recuerdo perfectamente a mi madre rodeada de sus labores.

Desde muy pequeña me sentí atraída por aquella forma de creación, manual, a base de puntadas delicadas…

Artesanía auténtica que mi madre, cuidadosamente, envolvía cada madrugada en una fina sábana blanca que resguardaría su fino trabajo hasta el día siguiente.

Años más tarde mi padre enfermó. La economía familiar sufrió una crisis dura y mi madre, valiente, ante la imperiosa necesidad de una entrada de dinero en la casa, se aventuró a montar una boutique.

Su pasión por la costura la encaminó por este sendero y consiguió que esta tienda tuviera colgadas en sus perchas trajes de las mejores firmas de la época.

Yo estuve siempre a su lado. Aunque por entonces cursaba la diplomatura de Relaciones Laborales, la tienda y todo lo que con ella tenía relación, causaba en mí una poderosa acción magnética. Cada temporada escogía con mi madre los vestidos que cada representante nos mostraba en catálogos y muestrarios, montábamos juntas los escaparates, decorábamos la tienda… Cuando terminé la carrera me dí cuenta que mi mundo estaba en aquella tienda y que no quería hacer otra cosa que dedicarme en cuerpo y alma a la moda.

Sin embargo algo más allá en mi interior despertó. No solo quería dedicar mi vida profesional a la moda vendiendo creaciones de otras firmas sino que quería hacer mi propia moda.

Soñé entonces con mis propias colecciones y hoy, puedo decir con satisfacción que los sueños se cumplen.

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